September 24, 2017

LA HIJA DE MARCIAL me sigue dando vueltas en la cabeza luego de varios días.

Es que ha dado en el clavo con una de mis temáticas favoritas dentro del teatro, el cine, la literatura o cualquiera de las grandes artes: las consecuencias de la muerte afectan a todos menos a los que se mueren. Y en esta obra, estar muerto es un privilegio que te aleja del huracán de los vivos.

Héctor Gálvez viene al teatro para enfrentarnos a las consecuencias de la violencia que vivió el Perú durante los 80’s y 90’s,  luego de haber explorado ese tema dirigiendo películas como NN. En esta oportunidad, la atmósfera teatral se presta para envolvernos en un ambiente intimo y visceral necesario para este tipo de historias.

En un colegio ubicado en la zona andina, encuentran un cadáver durante una excavación y ese hecho se volverá el eje del relato y de todos los personajes.  La obra se las ingenia para que todo gire literalmente ante este descubrimiento de forma orgánica y creativa, con un creativo control de los cambios escénicos de forma metafórica en diferentes niveles.

Creo que el recurso onírico e imaginativo está muy bien planteado casi siempre, teniendo en cuenta que este texto podría haber sido denso y pesado pero gracias a las herramientas de Gálvez estamos ante un espectáculo que se extiende con un ritmo adecuado.

Para esto se apoya en un elenco que cumple cómodamente con sus roles y en el que es inevitable resaltar a Kelly Esquerre como la protagonista de la función, la hija de Marcial que da el titulo a esta obra. Resulta siendo una grata sorpresa ya que la novel artista carga con toda la emoción del montaje. La energía que desprende en cada una de sus lineas, enfrentando todos los cuestionamientos que recibe por los demás personajes, es arrolladora.

El principal reto de Kelly y de los demás actores es ponerse en un escenario en el que resulta tan difícil determinar la verdad absoluta y generar un vinculo con la audiencia. Todos tienen una postura bastante válida, incluso cuando se interponen en la conversación los miedos y los prejuicios tan naturales en nuestro país.

A primera vista, hay pocos puntos en común entre la técnica cinematográfica de Gálvez con su método para armar este montaje pero lo más resaltante es la inteligencia para darse cuenta que esta historia le pertenecía a las tablas y no a una pantalla gigante. En ese sentido, el gran beneficiado ha sido el público.

LA HIJA DE MARCIAL es una cachetada necesaria, un golpe perfectamente ejecutado y, de forma extraña, bastante bello. Un recordatorio de un mal momento que no buscar moralizar ni lanzarnos la moraleja en la cara.

Valoración: ★★★

Lugar:

Teatro de la Universidad Pacífico; Jr. Sanchez Cerro 2121, Jesús María.

Precio:

General S/. 50; estudiantes y jubilados S/. 25; Lunes populares S/.35.

Venta de entradas:

Teleticket de Wong y Metro y boletería del teatro.

 

 

 

 

 

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz