September 25, 2017

Esta crítica sobre ROGUE ONE: UNA HISTORIA DE STAR WARS será la más larga y compleja que publiquemos por aquí porque debe ser el blockbuster del año que se presta para mayor análisis y, por lo tanto, para mayor polémica. Arrancamos con el pie en alto: lo mejor y lo peor de ROGUE ONE es la sombra de STAR WARS.

 

 

ROGUE ONE no huye del universo al que pertenece pero, a diferencia de EL DESPERTAR DE LA FUERZA, decide ampliarlo y no limitarse solamente a referenciarlo cada cinco minutos de las formas más obvias, para que el espectador reaccione en voz alta en las salas de cine. La eterna lucha del bien y el mal de la familia Skywalker ahora es la historia de los pobres diablos que morían en una guerra  espacial que solamente se mencionaba en los textos de apertura de la saga original.

 

 

En ese sentido, y es inevitable mencionar el EPISODIO VII, los personajes y la historia no se limitan a reflejar la esencia de la STAR WARS original (1977) con un copy paste vacío pero divertido. Aquí prefieren distorsionar el espejo, quebrarlo, ensuciarlo: Jyn Erso es una Luke Skywalker que realmente sufre por la orfandad y el abandono de una forma más cercana a la terrestre; Cassian Andor es un Han Solo que realmente le hace honor al término outlaw y al que no se aplicaría jamás el cucufato debate de “Han shoot first”; Saw Gerrera es un verdadero veterano de una guerra clónica, sin la dignidad y el porte de maestro que tenía un hermano de armas como Obi-Wan Kenobi.

 

 

La cuestión es que lo mencionado anteriormente son ideas que no se profundizan en la práctica, gracias a un elenco y un guion que no se esfuerza en subrayar la personalidad de sus elementos o en darle capas de interpretación a los personajes salvo honrosas excepciones como la dupla Chirrut (Donnie Yen) y Baze (Wen Jiang). Probablemente el peor parado es el Orson Krennic interpretado por Ben Mendelsohn, con un arranque que recordaba al Hans Landa de Quentin Tarantino pero que se desinfla cuando Gareth Edwards (¿O Disney?) optaron por la nostalgia al revivir a villanos más complejos como el digitalizado Moff Tarkin y Darth Vader. Uno podía esperar un giro interesante en su personalidad en el tercer acto, al verse humillado por el Imperio, pero la conclusión va por territorio seguro.

 

 

Los problemas no se quedan ahí. Mis principales “peros” radican en que, gracias a lo que ya sabemos de la historia, a la película le cuesta armar momentos emocionantes o con conflicto durante su primera mitad. Conflicto real, no intentos de generar drama con momentos que obedecen más a caprichos del guionista y no a la lógica de los personajes en sus contextos. La muerte de la madre de Jyn, por ejemplo, es un mometo que parece sacado de una película de terror ochentera en la que le gritas indignado a la protagonista: ¡NO SEAS IDIOTA, NO HAGAS ESO!

 

 

No confundir estas quejas o apuntes con aquellos comentarios que señalan de “lento” el inicio del filme. ROGUE ONE no arranca despacio ni contando poco pero si lo hace de forma desordenada y torpe, narrativamente hablando. En 10 minutos te posiciona todos –o casi todos– los escenarios que serán parte de la película en más de 2 horas. Los personajes aparecen rápido, sus motivaciones se introducen inmediatamente y se procede a intercalar un relato imposible de spoilear con intentos de fanservice con resultados desiguales. ¿La presencia muda y de adorno de Bail Organa en el primer acto es necesaria? No. ¿Qué Vader tenga una fortaleza en el planeta donde murió su conexión con la humanidad es un detalle magnifico? Sí. ¿Era necesaria la presencia de ciertos droides queridos por todos en medio el climax? La lista sigue pero todo entra en balance cuando vemos a Darth Vader arrasar con una tropa rebelde en una escena en la que es difícil distinguir si pertenece al corte original o a una re-filmación. La maestría para guiar la cámara a través de los gestos de las víctimas en vez de centrarla totalmente en el Sith parece un toque natural de Gareth Edwards, que ya había aplicado esa sutileza en GODZILLA. Aunque entonces recibió mayores quejas del público que esperaba un show digno de Michael Bay y no la discreción de un director mediamente preparado.

 

 

Nadie, ni los críticos más acérrimos, pueden despotricar contra el tercer acto. Al menos en su totalidad. La capacidad del director para mostrar un ambiente sucio y desolador es alucinante, a falta de palabras más técnicas y exquisitas. Es un logro más grande teniendo en cuenta que usa elementos que los fanáticos conocen de memoria como los AT-AT o las variantes de los storm troopers, ubicándolos en un escenario que entiende lo que es realmente lo dark and gritty. Aprende, Zack Snyder.

 

 

No es un cierre perfecto. Que Jyn Erso tenga una pausa para contar todo su plan al villano de turno en un momento clave es digno de las peores películas de James Bond. Anticlimático e innecesario. Por otro lado, que todos los personajes principales mueran no lo veo como el riesgo creativo que muchos quieren ver ya que era la opción más obvia teniendo en cuenta lo que se sabía de esta misión y el feeling de escuadrón suicida que desprenden desde la segunda mitad del filme. El logro de ROGUE ONE es que estas muertes sean realistas y crudas, a pesar de ser simples en comparación con otras muertes vistas en la saga. ¿Acaso los verdaderos soldados no mueren por granadas o balazos? No todos tienen el “honor” de morir sometidos por un sable de luz.

 

La creación y rejuvenicimiento de actores gracias al CGI es un debate que no pensamos tocar aquí porque va más allá de la calidad de la película y abarca un comentario sobre el futuro del cine que tocaremos más adelante, en otro texto. Basta con decir que si bien es impresionante, la sensación de incomodidad es latente. El uncanny valley es algo con lo que se tendrá que luchar siempre ante efectos especiales de este tipo y que, sospecho, no envejecerán bien.

 

 

ROGUE ONE es una película destacable a la que se le debe reconocer sus errores. Por encima del entretenimiento pasajero que han propuesto Marvel Studios y DC/Warner durante este año, por debajo de piezas superiores destinadas a las masas como MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO. Estamos bien. Se pudo más.

 

 

Valoración: ★★★




Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz