September 22, 2017

NADA ES LO QUE PARECE 2, secuela del modesto éxito de 2013, tiene una serie de errores que no pueden desaparecer ni con toda la magia del mundo. El principal problema es pensar que el espectador puede caer fácilmente ante efectos especiales y discursos no muy elaborados.

La película dirigida por Jon M. Chu, “visionario” director de 2 documentales sobre la figura de Justin Bieber (la vida de una estrella de pop de 20 años necesita 2 documentales), toma un concepto interesante y que funcionó relativamente bien para convertirla en un exceso de clichés y giros de tuerca predecibles o que simplemente no funcionan. No se sorprendan entonces al encontrar no muy finos recursos narrativos como el “Hermano gemelo malvado”, el sorpresivo “Todo este tiempo fui tu hijo” u otras coincidencias que se introducen en la historia sin sutileza.

A pesar de que el guión no ofrece retos interpretativos, el elenco se ve bastante cómodo y salva la película de problemas mayores. Igualmente, no saca provecho a Mark Ruffalo, que viene de brillar en la potente SPOTLIGHT. Molesta más lo desaprovechada que está Lizzy Caplan, nueva incorporación que ha demostrado su talento en la televisiva Masters of Sex. Otro nuevo integrante, Daniel Radcliffe, sigue alternando filmes interesantes (LA DAMA DE NEGRO) con películas cuestionables (VICTOR FRANKENSTEIN). El resto del elenco repite el plato y cumple sin excesos ni carencias.

Hay que tener en cuenta que, desde el primer minuto, NADA ES LO QUE PARECE 2 te exige cierta tolerancia a la fantasía y la exageración del concepto de la magia. Las dificultades en su visionado residen en la coherencia narrativa y que la película, por momentos, quiere venderse como algo más inteligente de lo que es.
Los efectos especiales ayudan en el regular espectáculo que nos regala Jon M. Chu. Sin embargo, hay algo de futuro en esta saga que quiere ser una especie de LA GRAN ESTAFA para millennials y que puede aspirar a ser un entretenimiento trivial, pero decente.

Valoración: ★ ★