September 25, 2017

El lenguaje cinematográfico y musical son completamente distintos. Por eso sorprende cuando un director como Damien Chazelle aparece y parece dominar ambos de tal forma en que los fusiona y crea películas como La La Land. Diferente en forma con su anterior proyecto, WHIPLASH, pero con bastantes puntos en común.

Chazelle ama el jazz y por lo tanto, ama la música como arte, como forma de expresión. Esto se nota en cada plano de La La Land, una película llena de romanticismo. No en el sentido moderno de la palabra, sino en los conceptos que abrazaba el romanticismo como movimiento cultural. Y teniendo en cuenta que, a pesar de que se ha puesto de moda despotricar contra esta película por ser “muy cursi”, hablamos de un film que huye de varios tópicos románticos.

Es indiscutible afirmar que el sostén de este espectáculo es la pareja protagonista. El aspecto técnico de la cinta (fotografía, iluminación, juegos de cámara) es formidable pero el carisma de Emma Stone y Ryan Gosling elevan la propuesta a otro nivel. Luego de demostrarnos su química en LOCO Y ESTÚPIDO AMOR y GANGSTER SQUAD, este par eleva la apuesta y justifican sus nominaciones no por un gran desarrollo actoral (como Isabel Huppert en ELLE o Casey Affleck en MANCHESTER CERCA AL MAR), sino por la conexión que logran con el espectador.

El elenco secundario es bastante menor por la importancia del dúo principal pero es inevitable reconocer la capacidad de J.K Simmons para armar escenas con tan poco material y con una composición que en la superficie recuerda a su famoso rol en WHIPLASH, a la que se hacen referencias sutiles a lo largo del film.

Las escenas musicales están muy bien armadas, con un ritmo admirable y un entendimiento de lo visual que es el baile y el movimiento como concepto cinematográfico. Lejos quedan musicales más recientes como CHICAGO que se limitaban a poner la cámara frente al escenario, como una grabación barata de un montaje teatral.

No vamos a mentir: La La Land no propone una idea nunca antes vista pero ese no es el punto. En ningún momento se ha jugado con la carta de la originalidad, siendo el fin de este montaje manipular los conceptos del cine en general. Avanzando en terreno conocido, se exploran conclusiones diferentes y decisiones que nadie espera, movidos por el prejuicio del final feliz contemporáneo.

Parte importante de la apreciación de La La Land dependerá de la postura del observador. El hype previo a ver la película, el desprecio infantil por el cine musical o la exagerada postura políticamente correcta de decir que “un hombre blanco al disfrutar el jazz se está apropiando de la cultura afroamericana”  afectará el disfrute de la película. En ese sentido, es sorprendente la cantidad de odio que está recibiendo, con criticas que pertenecen a tonterías como SUICIDE SQUAD y LA AMENAZA FANTASMA, más no al espectáculo  que presenta Chazelle.

Dicho todo esto, podemos decir que La La Land no es la mejor de las nominadas al Oscar que hemos visto hasta la fecha pero sí es la favorita de quien escribe. ARRIVAL abarca un mensaje más sofisticado pero La La Land conecta con fibras más sensibles. Pero decida usted, la invitación está hecha.

Valoración: ★★★★★

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz