September 24, 2017

La nueva versión de EL REY ARTURO llega en medio de un apanado mediático injusto o exagerado, en el mejor de los casos. El millonario fracaso de taquilla que auguran las primeras cifras se mezclan con unas críticas duras hacia el nuevo film del británico Guy Ritchie pero… ¿todo lo que se dice es cierto?

Lo primero que encontramos es que esta interpretación de la leyenda de la espada obedece más a la personalidad que  Ritchie ya mostró en SNATCH: CERDOS Y DIAMANTES y la subvalorada ROCKNROLLA: el ritmo es rápido, los tiempos están insertados en la edición de forma lúdica, la acción pretende ser tosca y al mismo tiempo atractiva visualmente.

Eso sí, hay un par de escenas en las que el CGI se escapa de las manos y parece un videojuego tipo GOD OF WAR. Una mala costumbre muy común en esta época en la que los estudios parecen adictos a la pantalla verde y las computadoras.

La solemnidad de otras películas similares al momento de contar la misma historia no existe en esta propuesta y para muchos puede parecer un caos medieval, totalmente alejado de lo que conocemos en el género de los caballeros y las espadas. Se “entiende”. entonces, la desazón de muchos en ese aspecto.

Ritchie pone un cariño palpable en el aspecto visual de esta cinta, en los detalles estéticos hasta de los mínimos detalles. Las armaduras, los escenarios y la mitología misma tiene una personalidad que se extiende a lo largo de la película y que otros blockbusters matarían por compartir. Sí, te estoy mirando a tí, Marvel Studios.

Es justo decir que también hay ideas que se sienten que no encajan para nada en el mito como la variante de Úrsula de LA SIRENITA que aparece en ciertos momentos o esa serpiente gigante proveniente de una dimensión oscura que es importante en el clímax. Sí, suena estúpido y se ve estúpido.

Quiero destacar el trasfondo que se le da a un momento clave, la extracción de la espada en la piedra. Ritchie se las arregla para hacer una escena épica de un instante que todos conocemos de memoria y, para colmo, “le da una razón de ser a la misma piedra”. No quiero profundizar porque eso podría considerarse un spoiler, en tiempos tan sensibles.

Pasando a lo interpretativo, es irónico que lo mejor sea el villano y lo más flojo sea el protagonista. Jude Law arma a una figura autoritaria con motivaciones poco o mal desarrolladas pero bastante convincente en su actuación. No es un rol lleno de matices pero exige una gama de emociones que van entre la intimidación a la desgracia, a las que Law le saca el jugo.

Charlie Hunnam, que parece llevar la etiqueta de veneno para la taquilla gringa, ofrece una interpretación regular pero bastante convencional. Uno podría cortar escenas suyas en EL REY ARTURO, colocarlas en otra película y más de uno no lo notaria.  No perjudica la experiencia, para ser honesto.

Probablemente, lo peor de esta película es la necesidad de dar vueltas sobre su eje para intentar hacer que ciertos momentos sean importantes. Hay una visión que vemos unas cinco veces, la aplicación de la magia es repetitiva y, siendo una película llamada EL REY ARTURO, la necesidad de recordarte la importancia de Arturo como personaje es tonta.

Eso y una necesidad de agrandar una propuesta que pudo funcionar a un menor nivel de presupuesto, lo que habría disminuido las perdidas que inevitablemente va a tener. La misma historia con una tonalidad más intima habría sido mucho más redonda.

Al final, EL REY ARTURO es un espectáculo raro para estos días en los que prima la fórmula predecible. Un espectáculo que no es apto para todos y que, probablemente, será enterrado entre las películas basadas en cómics o las películas Disney del momento. Ya saben, cosas que sí llenan las salas.

 

 

Valoración: ★★★

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz