January 20, 2018

EL GRAN SHOWMAN es el ejemplo perfecto de una película que se sostiene únicamente en el carisma de su protagonista, lo que no es poca cosa cuando el protagonista es nada más y nada menos del talentoso y magnetico Hugh Jackman.

Estamos ante los “hechos reales” de Phineas Taylor Barnum, el mítico fundador de Barnum & Bailey Circus, que llegó a ser conocido como ‘el mayor espectáculo del mundo’ y que revolucionó el show bussiness norteamericano.

Nadie puede negar que estamos ante un filme “bonito” pero muchas veces no va más allá de eso. Desde el principio propone el cliché edulcorado del niño pobre enamorándose de una niña rica, ofreciéndole una vía de escape a su mundo frívolo. Una historia que podría ser válida todavía si es que se contara con más intenciones.

Después no se aleja de eso. El mensaje a favor de la igualdad es tan superficial y mal ubicado como las canciones, bien compuestas e innegablemente pegajosas pero que aparecen de la nada. Kiara Rebaza, actriz y amiga que visitó recientemente el Podcast Infinito, explicaba que en un musical un personaje debe empezar a cantar porque, en su realidad y contexto, las emociones que tiene no pueden reducirse a las palabras en un diálogo. Eso no se siente para nada en EL GRAN SHOWMAN: una situación plana genera una canción exageradamente alegre o triste sin ninguna relación tangible.

 

 

Llega un punto en el que la belleza del espectáculo se desborda y uno se siente como el crítico amargado que aparece dentro de la película pero el director Michael Gracey se esfuerza en irse en YOLO, como dirían los jóvenes de ahora. Es decir, lanza toda la excentricidad de la forma más exagerada posible incluso para una cinta sobre “fenómenos de circo”… llegando al punto de tener a Hugh Jackman montando un elefante en mitad de la Nueva York de hace dos siglos.

Si algo hay que reconocer es que los personajes del circo y los secundarios en general son, a su manera, entrañables. Gracey se las arregla para que podamos empatizar con las personalidades del freak show y hasta con un Zac Efron más contenido que en otras oportunidades. Eso sí, el cineasta no dudo en reducir por completo el drama de los marginados a favor de la magia inventada para este relato porque basta revisar un par de publicaciones para descubrir que P.T. Barnum no era el bailarín soñador que pintan en este guion.

EL GRAN SHOWMAN es perfecta para desconectar el cerebro y abrir los ojos durante casi dos horas. Lamentablemente, pudo ser más y se nota la falta de coraje para arriesgarse a crear algo trascendente en una época  de productos para el consumo veloz y  el olvido.

Valoración: ★★

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz