September 26, 2017

EL CÓDIGO ENIGMA relata una de las invenciones más importantes de la historia. Con el objetivo de desmantelar el funcionamiento de la mensajería nazi para su estrategia sobre la Segunda Guerra Mundial, Alan Turing da con el artefacto más moderno y que más damos por sentado en la actualidad. ¿Quién fue Alan Turing? Nadie lo había oído mencionar tanto como un actor de cine, un físico reconocido dentro de su campo, o incluso la celebridad de un reality show televisivo. Benedict Cumberbatch, sin embargo (a quien sí hemos oído mencionar más frecuentemente), deja muy en alto el nombre de este matemático, que ha marcado nuestras vidas sin percatarnos.

La historia relata cómo Turing debe descifrar “Enigma”, un mecanismo que aleatoriamente y al día proporciona códigos que encriptan importantes mensajes del bando enemigo de Gran Bretaña. La situación se torna pintoresca cuando apreciamos cómo este personaje es una luminaria para las ciencias naturales pero poco agraciado para las habilidades sociales en dicho contexto. Empero, el trasfondo en que se desenvuelve y la importancia de su trabajo y de sus relaciones interpersonales son los que dejan más marca en nosotros. Logramos así transportarnos a un tiempo y un espacio que ya es difícil de imaginar tal como es, con todas las limitaciones tecnológicas, investigativas y de avance humano que podrían perjudicar nuestro bienestar, y que de hecho terminan incidiendo centralmente sobre Turing.

Benedict Cumberbatch no es otro actor “más” que interpreta a un científico “más” que debe ser ensalzado “una vez más” por la comunidad; Alan Turing tiene vida, carácter, identidad e incluso humildad en cómo se muestra frente a nosotros, dándonos a entender que lo que vemos no es una caricatura orquestada del hombre real. Keira Knightley y el resto del reparto no caen en ser los simples acompañamientos del protagonista, destacando Knightley por tener a cargo un personaje con una mente distinta para cualquier época y sociedad.

El desenlace de este momento en la historia no coindice con la vivencia que nos transmite su desarrollo. Sin embargo, lo que se queda con nosotros es la sensación de haber querido conocer a este grupo de personas, saber lo que hacían en secreto, ser sus amigos cercanos, pues resultan una fuente de autoafirmación para cualquiera que cree que su paso por este mundo no es trascendente. Alan Turing y su equipo nos hacen reflexionar acerca de todo aporte humano, que siempre es y será enormemente valioso e independiente del credo, raza, género o vivencia sexual.