September 25, 2017

La película chilena más taquillera de 2015 es uno de esos estrenos limitados del año que uno debe aprovechar por su calidad técnica y por la historia, tan real y vigente, que relata con crudeza.

Matías Lira coge un sonado caso de abuso sexual relacionado a la iglesia y arma un thriller que se diferencia de SPOTLIGHT, la referencia más cercana y fresca que tenemos en el séptimo arte. El chileno prefiere optar por lo sórdido del abuso y sus consecuencias más no profundiza en el plano legal como sí lo hace la ganadora del Oscar.

Lira desarrolla la historia jugando con los tiempos para hacer menos pesado el relato y por momentos la edición se siente algo torpe en su intento de experimentar. Aun así, es refrescante que el espectador deba armar las piezas de una historia tan pesada y dura, interpretando situaciones y momentos.

Si bien la película se sostiene en el drama de las secuelas de la violencia sexual gracias a un elenco que analizaremos en los próximos párrafos, son los momentos de abuso los que marcarán la memoria del espectador. Las tomas cerradas y cercanas transmiten la incómoda sensación de intimidad, lo que se complementa con un arriesgado uso del erotismo y de lenguaje cinematográfico que relacionamos al sexo consentido (que el personaje de Thomas se retire la camisa con ímpetu, por ejemplo).

Luis Gnecco como el sacerdote Karadima y Benjamín Vicuña como Thomas son el centro de la película con un choque interpretativo destacable. No es la primera vez que coinciden en el cine y esa química actoral se proyecta en la pantalla teniendo en cuenta que Gnecco juega con la oscuridad y la energía de su personaje mientras que Benjamín es un ir y venir entre el dolor y la cotidianidad.

El guión no opta por las sorpresas o giros simplemente porque no son necesarios para una historia cuyo principal factor es sentirse cercana, casual y real. El filme de Lira avanza según lo que uno puede esperar porque los casos de pedofilia en el clero religioso ya son bastante arraigados en la sociedad latinoamericana y no causan impacto narrativo.

EL BOSQUE DE KARADIMA es una curiosidad en la cartelera peruana que no durará mucho y que debe consumirse para promover el movimiento de cine latino en la paupérrima oferta que ofrecen los cines. Que sea una propuesta sólida y contundente es su principal carta de presentación.

Valoración:★★★★

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz