December 15, 2017

Es extraño encontrar una continuación tan coherente en  una época de secuelas innecesarias, reboots que nadie pidió y remakes que a nadie deberían importarle. Todas las virtudes – enormes y destacables – de BLADE RUNNER 2049 le pertenecen a la tremenda capacidad del director Denis Villeneuve para llenar de relevancia una segunda parte, convirtiéndola en una nueva base de la ciencia ficción moderna.

Creo que la ciencia ficción, como género, debe hacer preguntas y cuestionar la realidad además de proponer mundos fantásticos o distópicos. En ese sentido el film nos hace pensar sobre el sentido de la vida a través de la muerte, las respuestas que tenemos ante la soledad y como considerarnos “seres reales” en una sociedad cada vez más robotizada; en lugar de limitarse a la evolución de los robots como individuos y como “especie”.

Quiero enfocarme en la primera idea mencionada en el párrafo anterior porque sirve para darle pie a uno de los principales valores de esta propuesta: la desmitificación del elegido. K, el personaje de Ryan Gosling, se mueve bajo la idea de ser el salvador, el milagro, un ser excepcional concebido excepcionalmente. Resulta conveniente durante gran parte de la película que este protagonista aleatorio sea aparentemente the chosen one, el hijo Rick Deckard, porque hablamos de una casualidad burda y que reduce mucho el universo de Blade Runner. Cuando finalmente nos revelan que todo ha sido un engaño y que K no es el elegido, estamos ante un golpe en la cara y una bofetada a la trillada fórmula que nos dio en su momento a Luke Skywalker, Harry Potter o Neo.

K descubre que el valor de su vida no viene del nacimiento, su origen y lo que ha logrado. Lo único que da significado es la muerte y lo que podemos hacer antes de que la fatalidad nos encuentre. Una de las tantas ideas y reflexiones que Villeneuve ha sabido forjar dentro de una cinta de presupuesto millonario y que difícilmente será un taquillazo por su duración (casi tres horas) y porque las grandes masas prefieren la repetitiva maquinaria idiotizante que aseguró secuelas de productos como TRANSFORMERS o ANT-MAN.

Otro tema vigente que se toca en BLADE RUNNER 2049 es la discriminación. En este mundo, los replicantes son vistos como máquinas sin ningún valor social o carentes de dignidad como personas… hasta que son capaces de dar vida. La posibilidad de que un replicante se ponga al mismo nivel de un humano con una de sus capacidades características sacude la estructura de este universo porque “si algo puede nacer, tiene alma”.

Algunos dirán que esta reseña esta profundizando demasiado en las ideas y no en otros aspectos pero es inevitable ante un proyecto de Denis Villeneuve, genio – no tengo miedo de usar esta palabra – que antes nos dio un ensayo sobre el lenguaje con LA LLEGADA y una clase maestra sobre la tensión con SICARIO. En BLADE RUNNER 2049 junta ambas bondades en un experimento que se calienta a fuego lento y que usa su duración para crecer con lógica paulatina. Estamos ante una experiencia inteligente y cerebral, algo que la cartelera comercial no nos otorga con regularidad.

Como en sus trabajos anteriores, el director se rodea de gente capaz para regalarnos un entorno soberbio a nivel fotográfico (brillante trabajo de Roger Deakins)  y una banda sonora notable pero que recuerda demasiado y sin mucha gracia a lo hecho por Vangelis en el filme original. Cada encuadre es bello, cada angulo está justificado y cada nota llega en le momento preciso por lo que es obligatorio recibir este regalo en la pantalla más grande que sea posible.

El elenco debe ser un elemento clave en lo bien que gira esta rueda. Desde un Harrison Ford que no disimula que prefiere ser Rick Deckard en lugar de Han Solo hasta un Dave Bautista que, como jugando y con papeles concretos, está haciendo una carrera más interesante que otros ex-luchadores. Creo que Ana de Armas se vuelve una pieza clave ya que nos permite conocer la vida más intima de este mundo futurista con su interpretación de una inteligencia artificial lo suficientemente humana para empatizar con personajes y audiencia.

Aquí aparece uno de los pocos problemas que tengo con BLADE RUNNER 2049. El esfuerzo de Villeneuve por honrar la cinta original hace que su película se sienta como una evolución necesaria de los conceptos pero con una falta del espíritu personal y propio del cineasta canadiense. Su cohesión no es mala pero siento que es notoria la falta de ciertas libertades que el director hubiese podido presumir en un proyecto que no cargara con la etiquete de “secuela de un clásico de culto”.

Algunos dirán que este filme es pretencioso y ostentoso, bostezando porque no hay escenas de pelea filmadas con 20 cortes con una cámara que tiembla. Me atrevo a decir que esas personas están completamente equivocadas pero también debo asumir que estamos ante una experiencia que no es para todos y eso está bien. Uno como espectador no está obligado a verlo todo así como no está en la necesidad de soltar piedras sobre películas que claramente no entiende.

BLADE RUNNER 2049 es un evento demoledor y necesario pero que pasará desapercibido. Una obra maestra que obtendrá su lugar con el paso del tiempo y se valorará mientras más nos acerquemos a la cotidianidad robótica que propone.

Valoración: ★★★★

 

 

 

 

 

 

Luis es periodista especializado en temas culturales, crítico de cine y conductor del Podcast Infinito.

Luis M. Santa Cruz